Te damos la bienvenida al blog de Xarxa Cuide.

Aquí podrás encontrar artículos y opiniones relacionados con el mundo de la dependencia.

Si lo deseas, pues escribirnos un texto a info@xarxacuide.com y nosotros lo revisaremos, daremos la conformidad y lo publicaremos.

17 de Junio de 2024

Terminamos la cena de cumpleaños y siguiendo el guión no escrito comenzamos la entrega de regalos a la cumpleañera. La Ley de Murphy fue fiel a la cita y se manifestó en forma de una talla L para el vestido que, ahora que me fijaba en su cuerpo, éste era de talla M.
-Se puede cambiar…-dije mientras buscaba el tícket. -¿Dónde está? Estaba en la bolsa…
Horror en mis carnes al ver que el tícket de compra no aparecía por ninguna parte. Seguro que se ha perdido entre tanto envoltorio y la rapidez del camarero despejando la mesa.

En ese momento cierta frustración se adueña de mí, porque el vestido no era precisamente barato y porque odio quedar mal cuando hago un regalo. Así que sigo buscando el tícket entre los restos de papel de regalo y las bolsas que traía conmigo mientras los demás van a la suya. Y a partir de ese momento comienzo a escuchar entre los asistentes los mensajes de “no te preocupes que no pasa nada”, “hay cosas peores”, “encontraremos una solución” o el odiado “se lo puede quedar mi hermana que usa esa talla”.

En paralelo a esos comentarios, mi rabia interior comienza a aflorar. Solamente necesito un poco de espacio y unos segundos para sentir mi frustración y mi preocupación. Tengo infinitos recursos para reconducir la situación, cagarme en los 50€ y comprar otro vestido, o pedir la devolución en la tienda mostrando el cargo en la tarjeta de crédito.

Pero en ese momento, en esa situación frustrante, solamente necesitaba algo. Algo muy sencillo, pero igualmente olvidado: que me entendieran. Que entendieran que me he pasado tres tardes buscando el vestido por toda la ciudad hasta encontrarlo y que ahora parecía que mi esfuerzo nunca había ocurrido. Sentí que no dándome el espacio para la frustración y la preocupación, no me entendían y algo desagradable despertaba dentro de mí. ¿Tan difícil es decir “vaya qué faena, lo lamento”? O preguntar, con cariño “¿Cómo estás?”. Palabras que me habrían hecho sentirme acompañada. No necesitaba nada más. Solamente un abrazo emocional que me permitiera olvidarme del tícket y seguir disfrutando de la velada.

Al cabo de un tiempo, al regresar a casa con mi frustración a cuestas, encuentro a mi hijo sentado en la cocina con un vaso de leche en la mano. Su primo ha venido a pasar el fin de semana con nosotros y al parecer no le deja dormir con sus ronquidos. Yo podría haberle dicho cosas del tipo «vete a la cama que es tarde» o “bueno, cuando duermas, no le oirás, así que duérmete tú antes”; o incluso “no te quejes que no es para tanto. Que vaya nochecita llevo yo”. Sin embargo, me veo reflejado en él; veo mi frustración en su cara y le pregunto:
-¿Y cómo lo llevas?
-No muy bien.
-Ya, es que es un poco rollo que alguien ronque a tu lado… ¿Te despierta cuando duermes?
-No, realmente no. Solamente le oigo si me despierto.
-Bueno, ¡menos mal!.

Le pregunto cómo le puedo ayudar y, tras reflexionar unos segundos, me dice que no hace falta que haga nada. Entonces le pregunto: -sólo necesitabas desahogarte, ¿no? -y él asiente mientras le doy un abrazo.

Cuando a alguien le sucede algo que le contraría, lo último que necesita es que le quiten importancia a lo sucedido con frases del tipo “no pasa nada”, “hay cosas peores”, o “ya pasará”. Cuando alguien está enfermo o convaleciente, lo último que necesita es que le digan aquello de “Venga, paciencia” o “Venga, poco a poco…”. Son afirmaciones retóricas que transmiten poca empatía y que impiden a la persona afectada mostrar su miedo, preocupación o frustración. Lo mismo ocurre con el hecho de que le ofrezcan soluciones inmediatamente. Soluciones que ya las encontrará (porque es perfectamente capaz) cuando se le pase el disgusto… O que le hagan algún reproche relacionado con lo sucedido en plan “te lo dije…”.

Debemos ser capaces de detectar las respuestas inmediatas dando soluciones o restando importancia (que igual para nosotros no la tiene pero para la persona afectada sí), fruto de nuestra incomodidad y de la necesidad de sentir que la persona contrariada esté bien y dejarlas a un lado.

Lo que agradecerá esa persona, si está expresando su contrariedad, será que le acompañen de forma genuina, sin interferir, cuestionarle o invadir su espacio. Algunos trucos para poder acompañar de forma efectiva pueden ser:

– No dar soluciones obvias al problema si no nos las piden.
– Preguntar “¿Cómo estás?”.
– Ante expresiones de frustración, afirmar “no me extraña que te sientas así, yo también me frustraría/agobiaría en esa situación” o “cómo te entiendo…”
– Preguntar “¿Quieres que haga algo?” o “¿Cómo te gustaría solucionarlo?”.

Pero ojo, ese acompañamiento necesita ser genuino, desde la aceptación de lo que le esta pasando al otro, sin juzgar que sienta lo que siente, sin tratar de hacerle cambiar de opinión o emociones, ya que éstas pasarán naturalmente, pero siempre, siempre, necesitan su espacio… Si no, el acompañamiento puede resultar aún más irritante que la propia causa de la contrariedad.

Y tú, ¿cómo acompañas?

(Basado en un texto de Usoa Arregui)

9 de Junio de 2024

El pasado miércoles por la tarde acudí al podólogo para cortarme las uñas de los pies. Al llegar a la clínica, encontré a Mónica, la chica de recepción, ocupada intentando restablecer la conexión de la impresora que había dejado de funcionar y que le impedía imprimir las recetas que el podólogo recetaba a los pacientes.

Me quedé en una esquina esperando mi turno y observé a un hombre silencioso que esperaba también su turno. Tenía el pelo cano y, a juzgar por las arrugas que nacían de las comisuras de sus ojos, rondaba la mitad de la cincuentena. Alcancé a oír que se llamaba Carlos. Tenía Síndrome de Down. En eso, se abrió la puerta de la consulta.

-Carlos, ya puedes pasar.

-Voy.

Mientras Carlos estuvo dentro de la consulta, Mónica y yo charlamos sobre lo poco que nos gusta el verano y lo mucho que a los dos nos gustaría vivir en Islandia. Pasados 20 minutos, Carlos salió por la puerta.

-Muy bien Carlos. No tienes que preocuparte de nada. Tu madre ya ha venido esta mañana y lo ha dejado pagado.

-Vale.

-Ahora directo a casa, ¿Eh?

-Sí. Adiós.

-Adiós.

Mónica dejó un momento su batalla con la impresora y cogió el teléfono:

-Sí. Hola Asunción. Acaba de salir. Ya va para casa.

-…

-De nada mujer. Si no nos ayudamos entre nosotros ¿Qué mundo sería este?

-…

-Adiós.

Si no nos ayudamos entre nosotros, ¿Qué mundo sería este?

Mónica podría haber seguido con su trabajo; de forma correcta y profesional. Pero eligió detenerse y llamar a la madre de Carlos. Darle serenidad y empatía. Hacer que se sintiera acompañada en el papel no elegido de madre cuidadora. Y lo hizo sin condescendencia, sin ser altiva. Con cercanía y cariño. Un gesto que a ella no le costó nada y que a todas luces supuso mucho para la presumiblemente anciana Asunción.

Y son esos momentos en los que elegimos cuidar al de enfrente los que que nos hacen especiales. Esos momentos en lo que acompañamos, arropamos, escuchamos, desde la ausencia total de obligación. Desde la elección por contribuir a que este sea un mundo mejor. Desde la empatía y el cariño. Incluso, si me lo permiten, desde el hecho de que algún día todos seremos Asunción.

Desde La Associació Xarxa Cuide queremos dar las gracias a todas esas personas altruistas que de forma anónima y discreta eligen estar. Personas que sin tener obligación para ello, se prestan para acompañar, para escuchar, para ayudar. Personas que regalan parte de su tiempo con empatía y paciencia. Personas que cada día son conscientes de que tienen la oportunidad de elegir cómo hacer las cosas. Que se preocupan; que llaman para saber si has llegado bien, si necesitas algo, si el médico fue bien o si la terapia va por buen camino.

Personas que, si no fuera por ellas, cabría preguntarse qué mundo sería este.

28 de Mayo de 2024

¿Discapacidad y Dependencia son lo mismo?
No, y además generan mucha confusión. Son dos procedimientos diferentes que se inician cuando nos diagnostican una enfermedad que afecta a nuestra vida ordinaria. Podemos tramitar uno o los dos pero va a depender de si nos podemos valer por nosotros mismos o no.

¿Qué es la Discapacidad?
La Discapacidad se debe formalizar cuando por una deficiencia física, mental, intelectual o sensorial a largo plazo unido a diversas barreras, se obstaculiza nuestra participación en la sociedad de una manera plena y efectiva en igualdad de condiciones que los demás.

¿Qué mide la Discapacidad?
 Simplificando mucho diríamos que la Discapacidad mide 4  áreas:
1.- La pérdida de una estructura o una función corporal física o mental. A esto lo llaman la deficiencia.
2.- La capacidad o aptitud teórica para realizar una actividad. A esto le llaman La Limitación de la actividad.
3.- La realización real de una actividad en su entorno. A esto le llaman El Desempeño.
4.- Los factores contextuales ambientales.

En cada una de estas áreas que se miden por separado, se gradúan los problemas en diferentes dominios llegando a un total de 22, que conforman el perfil del funcionamiento global de la persona. La combinación de puntuación de estas 4 áreas dan como resultado un porcentaje final que será el Grado de Discapacidad.

Existen 5 niveles de gravedad  
Discapacidad nula hasta el 4%,
Discapacidad leve hasta el 24%,
Discapacidad moderada hasta el 49%,
Discapacidad grave hasta el 95%
Discapacidad total hasta el 100%.
El certificado de discapacidad evalúa también la necesidad de concurso de tercera persona  para poder llevar una vida ordinaria y la movilidad reducida que nos servirá para solicitar la tarjeta de aparcamiento.

¿Qué beneficios otorga la Discapacidad?
Se considera que una persona tiene discapacidad cuando alcanza el 33 % lo que le da la posibilidad de poder disfrutar de compensaciones sociales, pero en el acceso a algunos beneficios que otorga el reconocimiento de persona con discapacidad encontramos alguno a partir del 25%, como por ejemplo en el acceso a algún tipo de beca de estudios.

Si quieres consultar los beneficios a los que pueden tener acceso las personas con Discapacidad en la Comunidad Valenciana, en este enlace la Generalitat Valenciana ha realizado un resumen que puede serte útil.

https://inclusio.gva.es/documents/610651/169830450/Medidas+de+acci%C3%B3n+positiva+para+personas+con+discapacidad

¿Dónde solicito el reconocimiento de la Discapacidad?
Para recibir información puedes acudir a los Servicios Sociales de tu entorno, a los departamentos de Trabajo Social de tu centro de Salud u Hospital, o al PROP (012).

Para realizar el Trámite puedes hacerlo telemáticamente con firma digital en este enlace
https://www.gva.es/es/inicio/procedimientos?id_proc=376

O bien dirigirte a los Órganos de Valoración y Orientación de Discapacidades de la Comunidad Valenciana.

¿Qué es la Dependencia?
Es el estado de carácter permanente en el que las personas precisan de la atención de otros o de ayudas importantes para realizar actividades básicas de la vida diaria (comer, ir al baño, lavarse, caminar, vestirse, tomar decisiones, cuidar de la propia salud o evitar riesgos)

La Dependencia se mide en 4 grados:
Grado 0 No dependiente,
Grado 1 Dependencia moderada,
Grado 2 Dependencia severa,
Grado 3 Gran Dependencia.

¿Cómo se mide la Dependencia?
La Dependencia se mide a través de un baremo que evalúa las capacidades de la autonomía personal en cada tarea básica de la vida diaria en nuestro entorno, por eso, la evaluación se realiza principalmente en nuestro domicilio. En dicha evaluación se tienen en cuenta las ayudas técnicas que se utilizan, las barreras que la persona encuentra para su desempeño, la frecuencia en que puede realizarlas y/o la intensidad de los cuidados que requiere.
De igual modo, se tiene en cuenta la información que aportan desde el ámbito sanitario, educativo y social de la persona.

¿Qué beneficios da la Dependencia?
La Dependencia a partir del grado 1, da acceso a un catálogo de recursos entre los que encontramos servicios públicos o prestaciones económicas. Entre ellos podemos acceder a:
– Servicio de Teleasistencia Avanzada,
– Servicio de Ayuda a Domicilio,
– Servicio de Centro de Día,
– Servicio Residencial, Viviendas Tuteladas, Centros Ocupacionales,
– Servicios de Prevención y Promoción de la Autonomía personal,
– Prestaciones económicas para cuidados en el entorno familiar, Asistente Personal o prestaciones económicas vinculadas a servicios privados.

¿Dónde hay que dirigirse para realizar el trámite?
Hay que dirigirse a los Servicios Sociales Municipales. Allí nos proporcionarán toda la información, nos pueden facilitar los impresos y son quienes gestionan todo el trámite desde el principio hasta el final. También es posible en muchos Ayuntamientos formalizar la petición de forma online. No se recomienda realizarlo directamente con la Generalitat, puesto que demora en el tiempo su tramitación.

En nuestra web puedes encontrar más información y los enlaces directos a cada uno de los trámites.

24 de Mayo de 2024

El diccionario de l’Institut d’Estudis Catalans (IEC) define acompañar como “ir (con alguien) para escoltarlo, custodiarlo, estar a su lado, guiarlo; juntarse (con alguien) para hacer lo que él hace, principalmente para ir allá donde él vaya o a donde quiera ir”.

Dos ideas interesantes, la síntesis de las cuales podría ser: apoyar a alguien (persona y/o familia), estar a su lado, para ir a donde él quiera ir. En cualquier caso, no ir delante de él para dirigirlo hacia una determinada dirección, a veces la que la persona no querría de entrada, sino estar a su lado para ofrecer y valorar juntos posibles caminos. Escuchar sus deseos e inquietudes sin juzgar ni interferir. No decidir por él. No llevarlo de la mano a donde nosotros pensamos que “debe” ir.

Cuando la discapacidad aparece en nuestras vidas, y casi podemos asegurar que aparecerá antes o después, la primera preocupación que aflora a la superficie suele ser “¿Cómo me las voy a apañar o cómo nos vamos a apañar?. Después suele aparecer la pregunta de ¿Cómo voy a costear o vamos a costear esta nueva realidad? Y, sin darnos cuenta, solemos quedarnos varados en esa parte del viaje sin capacidad para pensar más allá e intentando responder esas dos cuestiones que nos suponen todo un mundo desconocido.

Y hay una pregunta importante que deberíamos hacernos y no nos hacemos: ¿Quién nos acompañará en este viaje? ¿Quién caminará a nuestro lado?

El acompañamiento durante el nacimiento de una discapacidad, ocurra en la etapa de la vida que ocurra, y lo que éste se prolongue, determinará la calidad con la que la persona con discapacidad y/o su familia vivirán esa nueva realidad no deseada. Un buen acompañamiento asegurará un proceso de asimilación a la nueva realidad menos traumático y un periodo de normalización más corto.

Hay un conocimiento “vivido”, no “leído” o “explicado por otros”, que faculta a las personas con discapacidad y sus familias para poder acompañar; para poder entender; para poder guiar. Significa haber podido estar con la persona discapacitada y su familia, más allá de la conversación apresurada del médico y de la administración, y entender sus palabras, sus silencios y sus miradas porque son las mismas que ellos expresaron años atrás. Conversaciones alejadas de términos médicos y diagnósticos, donde las preguntas del día a día pueden ser expresadas y respondidas desde la experiencia del ensayo y error y no desde la teoría académica.

Se trata de un acompañamiento que entiende y es consciente de las coyunturas familiares, los recursos personales, relacionales, económicos, el clima familiar, la dinámica organizativa y de funcionamiento, las emociones que circulan en torno a la persona con más necesidades, los hermanos y sus papeles, los abuelos si los hubiere, los tíos, la familia extensa, el vecindario, el entorno social…

El Programa Vincula-T de Xarxa Cuide está formado por personas individuales o familias enteras que un día, machete en mano, se adentraron en la jungla de la vida para trazar su propio camino. Cuando alguien les dijo que no podían ir a ninguna parte porque no existían senderos, ellos decidieron crearlos; atravesar el bosque de la incertidumbre, de las pruebas médicas, de las terapias acertadas y las fallidas en busca de respuestas y soluciones. Sin tener opción de rendirse, fueron labrando su experiencia de vida hasta convertirse en los Magallanes de su propia existencia. Y ahora, desde la serenidad de quien ha aprendido a convivir con la discapacidad en vez de luchar contra ella, están en situación de acompañar a las personas que comienzan su misma andadura en esos bosques donde, afortunadamente, ya hay un camino despejado por el que transitar.

Y lo hacen desde la empatía de quien ha llevado tus mismos zapatos. Sin juzgar tus pensamientos de abandono, porque ellos también los tuvieron. Guardando silencio cuando necesitas llorar porque ellos también derramaron sus lágrimas. Sin engañarte por ellos saben lo que duele cuando alguien se aprovecha de la necesidad. Porque ellas y ellos ya pasaron sus noches en vela en busca de respuestas que nadie tenía y que terminaron encontrando años más tarde. Respuestas que ahora pueden hacer la vida más amable a quien comienza a buscarlas.

Acompañan sin ir por delante. Sin dar lecciones. Sin ser protagonistas. Personas sencillas que han llegado a lo más alto. A ese lugar en el que sientes que todo está bien. Son seres de luz. Porque brillan. Porque alumbran a otros.

Con este post, te invitamos a formar parte de este programa. Te aseguramos que no te dejará indiferente…

10 de Mayo de 2024

¿Somos las personas con discapacidad luchadoras por naturaleza o es que simplemente no nos queda otra?

A veces se etiqueta a pacientes con enfermedades graves o incurables como luchadores o guerreros y se les pone como ejemplos de superación. Otras veces se habla de ciertas enfermedades o discapacidades muy a la ligera, minimizando el impacto real que tienen, como si no fueran para tanto. Muchas de ellas invisibles, que no están representadas bajo la imagen de una silla de ruedas, un miembro amputado o una malformación física estéticamente incómoda.

Pero lo cierto es que esta romantización puede llevar a situaciones en las que el paciente se siente incomprendido, derrotado, débil, incapaz, culpable… cansado de mostrar una fachada de fortaleza y resiliencia.

Que alguien minimice tu enfermedad, sintomatología o discapacidad no hace que ésta desaparezca. Que dejemos de ver la enfermedad como una batalla a ganar o al paciente como un luchador o un guerrero no significa que el reto sea menor o que no haya que tener ánimos y esperanza para seguir adelante.

Pero cansa. Cansa encontrarse con mensajes tipo “El que no se cura es porque no ha luchado suficiente “. Cansa esa romantización de la discapacidad en la que las personas que la padecen se convierten en superhéroes sin licencia a decir “no puedo”, y en la que, para las personas que observan “desde fuera”, tomarse un descanso no es una opción.

Sigue siendo loable enfrentar de forma valiente y adecuada la enfermedad. Pero hay días mejores y días peores; cosa que no está a nuestro alcance cambiar; y por ello es importante trabajar la aceptación, además de no cargar con todas esas etiquetas o comentarios.

Romantizar la enfermedad es llenarla con idealismos poco realistas o imposibles. Las personas con discapacidad somos naturalmente raras, no somos guerreras, no nos gusta la guerra. No luchamos contra la enfermedad, pero tampoco la menospreciamos. Más bien, luchamos con ella. Aprendemos a vivir con ella. Romantizar la enfermedad supone darle un tono heroico o incluso minimizar sus retos, de modo que se carga al paciente con ese sentido de batalla, de que «si quieres puedes». Y los días en que te encuentras peor, aparecen los sentimientos de culpa, de ser perdedor, de no querer curarse lo suficiente…

Somos nosotros los que luchamos por curarnos, por tratarnos, por sobrevivir a pesar de saber que no tenemos la varita para hacerlo. Que es, en todo caso, cosa de los médicos y los anticuerpos defectuosos…

Nuestra lucha está en el día a día, intentando disimular y aparentando estar lo mejor posible para no preocupar a quien está al lado; que no se note nuestro trabajo diario mientras la guerra se sigue librando por dentro. Hablándonos con cariño a nosotros y a nosotras mismas, diciéndonos que solamente es un brote; un mal día. Y que ya vendrán mejores.

Salimos en las noticias y la gente admira que seamos capaces de bajar a la calle desde un segundo sin ascensor cargando con la silla de ruedas, al tiempo que nadie se cuestiona por qué vivimos en esas condiciones. Admiran los tratamientos terapéuticos que seguimos y nuestra habilidad encima del caballo sin preguntarse quién paga esas terapias. Las madres coraje son admiradas por salir adelante con un hijo con discapacidad mientras miramos hacia otro lado porque nos incomoda su soledad no deseada.

Al principio son mensajes que animan. Pero oír que eres muy fuerte, eres una guerrera, etc. son expresiones que con el tiempo cansan. Cansa que te llamen CAMPEÓN. FIGURA. MÁQUINA. ARTISTA. MONSTRUO. FENÓMENO como si fueras inmortal. No queremos ser nada de eso, solo es que no tenemos otra opción.

No queremos ser normales. Queremos ser mortales

2 de Mayo de 2024
Hola,

Me llamo Alicia.

Llevo 22 años trabajando en el aeropuerto de Valencia. y desde hace 5 años viviendo el mayor desafío que la vida me ha dado. Se llama autismo y apareció en nuestra familia cuando mi hijo Marc no llegaba a los 3 años de edad. El impacto emocional que a toda la familia nos provocó, solamente lo entienden y conocen las familias que también están pasando por algo similar.

¿¿Y qué ocurre una vez te dan el temido diagnóstico??… En mi caso como en el de muchas familias, es una sensación parecida a darte un libro escrito en chino donde van las instrucciones de cómo entender y ayudar a tu hijo… complicado ¿verdad?

De esta sensación que muchas familias tienen en este proceso, nace un proyecto en el que llevo 2 años y medio participando de manera voluntaria.

La asociación donde nace este proyecto se llama “Xarxa Cuide”. Y de allí salió la necesidad de acompañar de manera activa a las familias cuidadoras de personas dependientes como es el caso de mi hijo. Porque como siempre digo “El cuidador necesita también ser cuidado”.

Mi labor es ponerme en contacto con aquellas familias que están en ese duro proceso de asimilación o también llamado “duelo”. Les ofrezco desde mi experiencia en 1ª persona hacerles de guía en todas las necesidades que cada familia necesita durante ese proceso, y siempre con la finalidad que ell@s acaben adquiriendo ese empuje y empoderamiento que necesitan para que avancen solos desde otra mirada.

Acompaño de manera directa en apoyo psicológico, asesoramiento de ayudas públicas, centros terapéuticos, reuniones con el colegio, etc … todo lo que la familia necesita saber en ese duro momento y que desconocen o se hallan perdidos.

Lo bonito de esta labor es ver cómo las familias toman las riendas de su nueva situación con empoderamiento, normalidad, y una sonrisa.
27 de Abril de 2024

La soledad es un hecho raramente voluntario que afecta a diferentes sectores vulnerables de la sociedad.

Uno de estos sectores lo forman las mujeres que se dedican a la atención de personas dependientes. La dedicación prolongada y en exclusiva al cuidado favorece la cronificación de la soledad. Y la cronificación de la soledad favorece la morbilidad y la disminución de la esperanza de vida.

Entendamos la soledad como aquella experiencia en la que la persona tiene menos relaciones sociales de las que le gustaría tener. Y entendamos también que dicha soledad se experimenta como la carencia de vínculos interpersonales que dotan de sentido a la vida y nos alejan del sentimiento de formar parte activa de una sociedad.

Es conocido el llamado síndrome del nido vacío, el abandono de los hijos e hijas del hogar familiar; o la pérdida de seres queridos por fallecimiento, o las separaciones de pareja como causas más comunes que precipitan la soledad en la vida de las personas. Pero también hay transiciones vitales que entrañan la pérdida de un determinado rol social, como la jubilación, que favorecen la soledad no deseada.

No es de extrañar que las personas de edad avanzada, así como los desempleados y las personas a quienes sobreviene una enfermedad grave o discapacidad, sean algunas de las más aquejadas por la soledad. No debe sorprender el hecho de que muchos ancianos y ancianas hayan acudido a ellas por su propio pie y con el deseo de “no ser una carga para su familia”. La falta de oportunidades de participación social termina por minar las expectativas vitales de las personas y su propia autoestima convenciéndoles de que no tienen nada que ofrecer a los demás. Sería una especie de soledad de retiro.

Está ampliamente comprobado el impacto negativo de la soledad no deseada sobre la salud física, psíquica y, en general, sobre la calidad de vida de las personas que la padecen. Es menos conocido que la dedicación exclusiva o preferente al cuidado produce soledad debido a la cantidad de horas que exige el mundo de los cuidados y la dificultad de encontrar un espacio de descanso y desconexión para las personas cuidadoras. Un respiro familiar que, además de ayudarles a desconectar de la persona con necesidades de apoyo, sirva también para mitigar la soledad.

Más aún, la soledad incide negativamente en la calidad de vida a través de varias conductas de riesgo como el sedentarismo, tabaquismo, consumo de alcohol y/o una alimentación inadecuada.

Así, la soledad no deseada se está convirtiendo en una de las mayores amenazas para los sistemas de salud pública, superando incluso el riesgo de otras problemáticas como la obesidad.

Desde Xarxa Cuide, lanzamos los programas de acompañamiento Vincula-T donde personas que ya tienen experiencia en un determinado diagnóstico acompañan a familias que acaban de recibir un diagnóstico similar y se encuentran sin saber qué hacer o a dónde acudir. Situación que puede desencadenar una soledad no deseada. Así mismo, también hemos creado los GAM, Grupos de Apoyo Mutuo, donde personas cuidadoras pueden hablar con otras personas en su misma situación y compartir sus dudas, sentimientos o pensamientos, rebajando así su sensación de soledad. Estos grupos de apoyo, que son gratuitos, están también disponibles para personas con necesidades de apoyo.

Si te animas a venir y probar, siempre habrá una silla libre para ti.
13 de Abril de 2024

Hace tiempo me apunté a jugar al ajedrez. O más bien a intentar jugar bien. Mientras jugábamos, el profesor, un maestro reconocido con lesión medular y parálisis cerebral, observaba paciente cada uno de mis movimientos y luego me decía qué pieza de las suyas debía mover ya que él carecía de movilidad en sus brazos. Me daba premisas sencillas como la importancia de dominar el centro del tablero o la importancia de que cada pieza estuviera, al menos, protegida por otra pieza. Mientras jugábamos, solía formarse un corro de espectadores alrededor de la mesa para observar la partida.

En cuatro años, jugamos más de cien partidas y solamente conseguí ganarle dos veces. Pero ganar o perder era lo de menos. Lo importante era la sensación de que yo aprendía en cada partida. Aquel hombre iba haciendo que yo fuese mejor; algo que le agradeceré siempre. La gente me preguntaba por qué dedicaba tiempo a un juego en el que siempre perdía; En jugar partidas que lejos de ser pesimista, yo ya sabía que iba a perder. Pero ahí estaba la esencia: el aprendizaje y el no dejarse vencer.

Esta historia no sería posible si las dos personas que la protagonizan no hubiesen seguido sus roles; ambos igual de importantes.

Uno, el que no busca la victoria fácil. El que se esfuerza en ganar, en mejorar, en ser constante y puntual con el compromiso de la partida de los jueves. El que sabiendo que va a perder, presenta batalla igualmente con la mente abierta en el aprendizaje. El que sabe dejar a un lado el ego que se cuestiona el sentido de la lucha y el valor de la derrota. El que aprende porque es capaz de escuchar. El que reconoce sus errores. El que no cae en la autosatisfacción de dedicarse únicamente a aquellas batallas que sabe que va a ganar. El que no le importa volver a empezar una y otra vez.

El otro, el maestro paciente dispuesto a enseñar lo que sabe. El que guía. El que educa y siempre está dispuesto a volver a empezar. El que anima al aprendiz. El que no tiene miedo de enseñar todo su conocimiento porque sabe que no lo va a perder. El que sabe que, enseñando, también aprende. El que acompaña. El que sugiere. El que deja que te equivoques. El que mira con ojos de Amor y comprensión.

Debemos de hacernos conscientes de cuándo desempeñamos en la vida diaria el rol del maestro y cuándo el del aprendiz. Es necesario estar abiertos a la circunstancia de que a veces, por nuestra discapacidad, la vida nos invita a tomar el camino fácil. Pero hemos de estar observantes porque ese camino nos robará la oportunidad de seguir avanzando; de seguir aprendiendo. Que decir “no sé” o “no puedo” no nos descalifica. Y que decir “me enseñas” o “me ayudas” nos abre puertas y experiencias. Que el “bastante tengo ya con lo mío…” nos aleja de nuevas experiencias y nos priva de una vida más plena.

Debemos mantener esa cultura del esfuerzo; del no dejarse vencer por la discapacidad y sus circunstancias. Que somos mucho más. Que la discapacidad es solamente un matiz en el cuadro; pero que no condiciona el cuadro. Porque eso nos hará mejores personas. Y cuando estemos interactuando con otras personas, en una cita, en una entrevista de trabajo, o haciendo los deberes con nuestros hijos, ellos encontrarán en nosotros a la mejor versión de nosotros mismos.

Debemos ser capaces de reconocer, cuando nuestra discapacidad nos lo impone, que quizá en la escala del cero al diez no vayamos a pasar nunca del ocho. O que incluso hoy alcancemos el ocho y mañana no lleguemos a siete. Pero que nunca debemos dejar de seguir luchando por el diez.

Que el diez sea la meta sin importar si la alcanzamos.

30 de Marzo de 2024

¿CUÁNTO TIEMPO VAN A TARDAR EN RESOLVERME LAS AYUDAS DE LA LEY DE DEPENDENCIA?
Según la Ley deberíamos tener nuestro recurso resuelto como mucho en 6 meses, pero la práctica nos dice que esto no suele ocurrir. Quien atiende a la ciudadanía desde el principio, nos registra la solicitud, nos informa y asesora, nos valora el grado y emite los respectivos informes preceptivos para que nos resuelvan lo que necesitamos son los Servicios Sociales Municipales. Por otro lado, quien emite la resolución y paga los recursos que estamos solicitando es la Vicepresidencia Segunda y Conselleria de Servicios Sociales, Igualdad y Vivienda.
Según la normativa, los Ayuntamientos tienen un plazo máximo de 3 meses para realizar la visita domiciliaria en nuestro entorno y emitir el informe social y la valoración. Esto junto con los informes médicos y documentación que hayamos aportado va a ser evaluada por una Comisión de valoración en Conselleria que va a delimitar si somos personas en situación de dependencia y en qué grado. Por otro lado, la Conselleria tiene un plazo máximo de otros 3 meses para resolver. Ahora bien, sabemos que las listas de espera casi duplican con creces estos plazos.
Según los datos que publica el IMSERSO y que evalúa la implantación de la Ley de Dependencia en toda España, a fecha de 29/02/2024 la media de tiempo en la Comunidad Valenciana para que un expediente esté resuelto es de 291 días (cerca de 10 meses). El atasco mayor parece estar en el tiempo que tardan los Ayuntamientos en realizar la valoración y que sea emitida la resolución de grado (201 días – cerca de 7 meses) frente a lo que luego tarda Conselleria en resolvernos el recurso que hemos solicitado (89 días – 3 meses). Este tiempo es más o menos la media de lo que ha ido ocurriendo desde 2022 y especialmente para percibir ayudas económicas. Estos plazos pueden alargarse si lo que solicitamos es un Servicio de Centro de Día o Residencial.
Pese a que no se cumplen los plazos, la Comunidad Valenciana dejó de ser de las peores en cumplir plazos. Actualmente estamos ligeramente por debajo de la media estatal que está en 327 días (cerca de 11 meses).
Desde estas letras queremos dejar constancia de dos cosas importantes: (1) Queremos dar las gracias a los equipos profesionales que nos consta trabajan duro para que las personas tengamos acceso a nuestros derechos pero (2) también queremos pedir a las personas responsables de los servicios y las administraciones que hay que seguir esforzándose por cumplir la Ley, por ser eficientes y por lograr que al menos en 6 meses las personas en situación de dependencia y sus familiares puedan acceder a los recursos que les permiten vivir con mayor calidad de vida.
Por otro lado, hay una parte pequeña de responsabilidad en la ciudadanía que debemos revisarnos. Hemos de ser responsables en no agrandar listas de espera sin motivo aparente. Ser persona mayor o tener pequeñas dificultades para enfrentarnos a nuestro día a día, no es en muchos casos sinónimo de persona en situación de dependencia. Dejémonos asesorar por los profesionales que trabajan en el sector (Servicios Sanitarios y Servicios Sociales) y seamos conscientes de que pedir por pedir muchas veces genera un perjuicio en general para todos, porque nadie cuantifica el coste económico de profesionales haciendo tareas que no llegan a ningún término, y un perjuicio mayor especialmente a personas que sí se encuentran en situación de dependencia y siguen en lista de espera hasta que se les pueda valorar.

13 de Marzo de 2024

 

Cuando parece que llevamos una existencia más o menos tranquila, sin grandes altibajos, inmersos en nuestro proyecto de vida, con nuestro trabajo, nuestro plan de futuro, nuestra familia, nuestros amigos… de repente, sin pedirnos permiso, la vida, que es así de insolente e imprevisible, nos descoloca con un diagnóstico que implica, en última instancia, una muerte con fecha de llegada.

De repente, nos encontramos con el billete en la puerta de embarque. Con la notificación de fin de contrato de alquiler del cuerpo que estamos habitando. El aviso irrevocable de desahucio por parte de nuestro vital casero. Y comenzamos a escuchar de parte de los demás, aquello de qué mala suerte o qué injusta es la vida con nosotros.

Pero, ¿Acaso las personas que valoran tu diagnóstico o tu suerte como mala… No van a morir nunca? ¿Se van a librar de su fin de contrato de alquiler porque están sanos? ¿Acaso la muerte sólo alcanza a los enfermos?

Recibir un diagnóstico demoledor puede ser duro y puede suscitar injusticia divina. Pero también es un hecho positivo capaz de traernos a la realidad indiscutible de que toda existencia es finita e impermanente y que debemos aprovechar cada día.

Un diagnóstico demoledor nos puede dar la oportunidad de hacernos conscientes del hecho de que toda vida termina y que tenemos el derecho y la obligación de disfrutarla. Nos da la oportunidad de valorar lo que hemos hecho con nuestra vida y lo que queremos hacer con lo que resta de ella sin importar cuándo finalizará. Nos da la oportunidad de valorar a las personas que forman parte de ella, y nos da la oportunidad de elegir cómo y con quién pasar el tiempo que nos queda. Nos da la oportunidad de hablar, de despedirse, de arreglar viejas riñas, de decir te quiero y lo siento. Nos da la oportunidad de acompañar a los demás en nuestra propia despedida y dejarnos acompañar por ellos. Oportunidades que aquellos que viven pensando que “la muerte no va con ellos”, no tienen.

Existe una ventaja en aquellas personas que han recibido un diagnóstico demoledor. Y es el hecho de que se hacen conscientes del hecho de que un día morirán. Y lo harán igual que todas y cada una de las personas con las que hablen cada día. Solo que dichas personas no sabrán que ellas también van a morir. Unas sabrán y podrán preparar su partida mientras que otras se marcharán igualmente pero sin haber tenido la oportunidad de despedirse, de disfrutar, de establecer preferencias, porque pensaban que ellos estaban sanos y que la gente sana nunca muere.

Saber que vas a morir es una suerte. Porque te permite prepararte para ese momento. A fin de cuentas, el final de la vida nos llega a todas las personas estemos preparadas o no. No se trata de no morir. Se trata de morir bien.

24 de Febrero de 2024

 

HABLEMOS DEL CATÁLOGO DE RECURSOS DE LA LEY DE DEPENDENCIA:
La ley mal llamada de Dependencia nos ofrece un abanico de recursos siempre que tras la fase de valoración se considere que damos grado de dependencia.
Hay 3 grados (1 moderada, 2 severa y 3 Gran Dependencia) y la diferencia entre ellos es la intensidad de recursos económicos y/o horas que nos corresponden debido a una mayor o menor autonomía.
Si nos encontramos en el Grado 1, podemos acceder a todos los servicios y prestaciones excepto a las residenciales, con la única excepción de personas con discapacidad menores de 65 años que sí podrán hacerlo.
Si nos encontramos en el Grado 2 ó 3, el acceso es completo a todos los servicios y prestaciones.
La ley permite que pidamos como máximo 2 recursos principales, más el Servicio de Teleasistencia Avanzada como complementario.
De igual modo, el catálogo se divide entre Servicios y Prestaciones económicas y Prestaciones Vinculadas a Servicios.
Los Servicios son prestados de forma directa por la entidad pública.
Las Prestaciones económicas las percibiremos en nuestra cuenta bancaria pero habrá que respetar los requisitos que en cada una se nos pide.
Las prestaciones vinculadas a un Servicio son ayuda económicas que nos obligan a contratar el servicio de forma privada con empresas acreditadas previamente por Consellería.
Así pues los recursos son:
1.- Servicios y/o Prestación económica vinculada al Servicio de prevención de la situación de Dependencia y promoción de la autonomía personal.
Su finalidad es prevenir el agravamiento o mantener las capacidades de las personas. Han de estar acreditados por Conselleria, no sirve cualquier servicio y las modalidades que ofrecen son: Habilitación y terapia ocupacional, Atención temprana, Estimulación cognitiva, Promoción, mantenimiento y recuperación de la autonomía personal, Habilitación psicosocial para personas con enfermedad mental o discapacidad intelectual y Apoyos personales y cuidados en alojamientos especiales.
2.- Servicio y/o Prestación económica vinculada al Servicio de Ayuda a Domicilio.
Busca que la persona permanezca en su domicilio el máximo tiempo posible. Consiste en que profesionales auxiliares atienden las necesidades de la vida diaria en dos ámbitos: La atención personal y la atención del hogar.
La atención personal cubre todos los aspectos relacionados con el aseo personal, ayuda en alimentación, movilizaciones si se está encamado, etc. y la atención del hogar, cubre ayuda en ir a comprar, limpiar, elaborar comidas u ocuparse de la ropa. Se pueden recibir acompañamientos al médico, a realizar gestiones, paseos, etc.
Si nuestro municipio no nos puede ofrecer el servicio público, la prestación vinculada nos permitirá acceder de forma privada con una empresa que debe estar acreditada.
El número de horas oscilará entre 20 a 94 horas al mes en función del grado y nuestra situación personal. Todo esto nos lo concretarán nuestros servicios sociales municipales.
3.- Servicio y/o Prestación económica vinculada al Centro de Día.
Son lugares que ofrecen atención especializada de lunes a viernes para promover las actividades básicas de la vida diaria tanto para personas mayores como para personas con discapacidad.
En ellos realizaremos actividades de animación sociocultural, terapia ocupacional, rehabilitación, atención médica, de enfermería y psicológica y ocio y tendremos tanto nuestras necesidades de cuidados como de alimentación y farmacológicas cubiertas por el personal del centro. Tienen transporte adaptado para ir y volver de nuestro domicilio.
4.- Servicio y/o Prestación económica vinculada a la Atención Residencial
Es un lugar donde vivir especializado y con todos los servicios que necesitamos para poder cubrir nuestras necesidades. Hay residencias para personas mayores y para personas con discapacidad bien sea física, mental o intelectual.
Habrá aportación económica por parte de la persona que ingresa según lo que puede pagar, el resto es cubierto por Consellería. Normalmente este pago está respetando que quede dinero suficiente para poder hacer frente a los gastos propios personales.
Cuando se solicita una plaza pública, el sistema no siempre es capaz de ofrecérnosla en un corto espacio de tiempo, por ello, en la Comunidad Valenciana se ha generado una prestación de garantía que puede cubrir de forma privada el Servicio Residencial. Podemos solicitar esta prestación si llevamos más de 6 meses en espera de plaza pública.
5.- Prestación Económica para Cuidados en el Entorno Familiar.
En muchos casos las personas son atendidas por familiares y no desean ningún otro recurso externo para cubrir sus necesidades. La Ley permite pedir una ayuda económica por ello. Esto supone tener una o dos personas cuidadoras principales que podrán cotizar a la Seguridad Social a través de un convenio especial por realizar esta tarea, siempre que no trabajen.
Las personas cuidadoras pueden trabajar y cuidar pero han de cumplir algunos requisitos y comprometerse a realizar una formación para cuidadoras.
Las cuantías mensuales oscilan entre 180 y 455,40 euros al mes según el grado de dependencia.
6.- Prestación Económica para el Asistente Personal.
Es una ayuda económica que nos permite contar con una persona que nos ayudará poder llevar a cabo nuestro proyecto de vida tanto dentro como fuera de casa. Trabajar, estudiar, hacer deporte, participar en actividades comunitarias, llevar una vida con normalidad y sin depender de nuestros familiares. Está dirigida principalmente a personas entre 3 y 64 años y existen requisitos específicos para las personas Asistentes Personales.
7.- Servicio de Teleasistencia Avanzada.
Es un servicio gratuito, que funciona con un pulsador que la persona lleva puesto con un colgante o pulsera y que conecta con una central de alarmas a través de un manos libres instalado en domicilio o con un relój de pulsera durante las 24 horas del día.
Entre sus servicios los más valorados son los de unidad móvil si se requiere, atención ante cualquier urgencia, atención psicosocial, promoción del envejecimiento activo, prevención del deterioro cognitivo, protocolos en situación de luto, prevención del suicidio, maltrato y atención en grandes catástrofes.
Os invitamos a visitar nuestra web dónde podéis encontrar más información sobre todos estos Servicios y Prestaciones

13 de Febrero de 2024

 

Hace poco conversaba con un hombre, llamémosle Alberto, que me contaba que hace tiempo fue brigada forestal. Un ictus le ha dejado con medio cuerpo paralizado y ahora está jubilado.
-Yo antes era brigada forestal. -me decía. -Ahora no soy nada.
Alberto estaba, y sigue estando, identificado con un rol; con una profesión. Y ahora que esa profesión ha desaparecido, ha desaparecido con ella aquello con lo que se identificaba. Perdiendo así la conciencia de todo lo demás que a día de hoy sigue siendo Alberto.
Uno de los problemas del Ego es ese: cuando desaparece aquello con lo que se identifica, con lo que se siente cómodo, con lo que “controla”, parece que no existe nada más. Y pensar eso es un error.
Yo soy muchas cosas. Soy madre. Soy esposa. Soy hermana. Soy hija. Pero también soy farmacéutica, soy del Valencia C.F., soy de izquierdas y me gustan los animales. Soy ordenada. Soy divertida. Soy conductora y también pasajera. Soy vecina. Soy turista y cocinera. Soy carnívora. Soy lectora. Soy crítica. Soy romántica. Soy golosa.
El día que la discapacidad llegó a mi vida para quedarse, dejé de ser una de todas esas cosas. Pero el resto han seguido existiendo; ayudándome a sobrellevar la pérdida de uno de esos pequeños “Yo” que se esfumó con el diagnóstico.
Debemos ser capaces de soltar aquello con lo que nos identificamos cuando la vida nos invita o nos obliga a dejarlo a un lado del camino. Cuando lo hagamos, no solamente nos permitiremos disfrutar del resto de “Yo” que somos; sino que quizá estemos dejando espacio a nuevos “Yo” que han de venir.
A veces es interesante detenerse a observar cuáles son los “Yo” con los que nos identificamos. Quizá detectemos algún “Yo” tóxico que esté ensombreciendo otras identidades nuestras que valen la pena rescatar.
Desde Xarxa Cuide, te invitamos que observes con qué “Yo” te identificas y potencies aquellos que te hacen ser mejor persona.

27 de enero de 2024

HABLEMOS DE LA LEY DE DEPENDENCIA
Mucho se dice sobre ella pero muchas personas no saben todavía qué es. Intentemos despejar las dudas.
Esta Ley que se inicia en diciembre de 2006 lo que pretende es promocionar la autonomía personal y atender con servicios y prestaciones a las personas que se encuentran en situación de dependencia.
Para poder solicitarla hay que dirigirse a los Servicios Sociales Municipales. Es allí dónde nos dan indicaciones para poder iniciar los trámites y donde nos darán información de los recursos a los que podríamos acceder si se nos reconoce con algún grado de Dependencia. Los impresos y cómo solicitarla puedes disponerlos clicando aquí.
Sin embargo, en este blog queremos resumiros toda esta información:
Una vez presentamos la documentación, un profesional de Trabajo Social de los Servicios Sociales Municipales nos visitará en nuestro domicilio para realizar una valoración y un informe social de entorno. Esto sirve para ver si disponemos de grado de dependencia o no y para que comprueben si los recursos que queremos solicitar son los adecuados a nuestra situación personal y/o familiar. Hay 3 grados y según en el que nos encontremos las cuantías económicas o los servicios a los que tendremos acceso varían.
La Vicepresidencia segunda y Conselleria de Servicios Sociales, Igualdad y Vivienda son los responsables de recepcionar la información y desde una comisión de valoración que comprueba toda la información tanto médica como de la valoración realizada es quien determina el grado de dependencia emitiendo una primera resolución que recibimos por correo certificado y con acuse de recibo en nuestro domicilio. Más tarde, nos llega una segunda resolución donde nos resuelve el recurso que hayamos solicitado.
Es importante remarcar que la Ley de Dependencia, como así la conocemos vulgarmente, no está sujeta a nuestra capacidad económica, sino a nuestro reconocimiento de grado. Es un derecho subjetivo, lo que significa que por el hecho de que se nos reconozca un grado de dependencia eso supone sí o sí el acceso al catálogo de recursos que por grado nos corresponde. No obstante, el recurso debe venir avalado por la idoneidad de los equipos profesionales de los Servicios Sociales Municipales que nos atienden y en el caso de solicitar servicios públicos de que existan plazas disponibles. Es muy habitual permanecer en listas de espera, tanto cuando se solicitan Centros de Día como Servicio Residencial.
Hay una pregunta recurrente sobre ¿Cuánto tiempo tarda la tramitación? Según la Ley deberían ser 6 meses. De hecho si en ese periodo no se nos ha resuelto ningún recurso, no podremos reclamar ningún efecto retroactivo. Si pasan más de 6 meses sí podremos solicitarlo.
¿Qué ocurre si la persona fallece durante el proceso? Aquí siguen siendo válidos los 6 meses por lo que solo podremos reclamar si han pasado más de 6 meses y en este caso tendrán que realizar la reclamación las personas herederas.
En nuestros siguientes Post intentaremos explicar con mayor detalle los recursos a los que podemos acceder si nos reconocen un grado de dependencia.
No dudes en contactar con nosotros si tienes alguna duda.

12 de enero de 2024

Quizá no fuimos conscientes. Pero el pasado día 1 de enero coincidió que fue el primer día de la semana, del primer mes del año. Fue un “1” en toda su magnitud que nos invita a reflexionar sobre nuestros propósitos y sobre la realidad de la que partimos en busca de dichos propósitos.

Tenemos por delante un camino lleno de experiencias que nos acercarán o nos alejarán de la meta que nos hemos marcado según seamos conscientes de las decisiones que tomemos. Nuestra primera tarea es definir y tener claro cuál es el propósito que queremos realizar. Ir al gimnasio, estudiar un idioma, dejar un vicio, aprender a cocinar, viajar… Y después, es tener claro cuál es la realidad de la que partimos. Debemos ser conscientes de las limitaciones que tenemos; pero que ellas no sean las que tomen las decisiones por nosotros. No permitamos que la discapacidad se sitúe en el centro de nuestra vida haciendo que todos los demás aspectos de nuestra vida giren en torno a ella. Somos mucho más que la discapacidad que tenemos.

Es tiempo de hacer inventario de las personas, los objetos y los pensamientos que nos acompañan y que suman en nuestro camino; y es tiempo también de hacer inventario de las personas, objetos y pensamientos que nos lastran o nos alejan de nuestro objetivo.

Es posible que la discapacidad juegue un papel importante en el día a día y que ello dificulte alcanzar nuestros propósitos. Pero lo importante, lo valioso, lo que da sentido a la vida, no es conseguir el propósito en sí; sino no dejar de intentarlo. Si mantenemos el espíritu de búsqueda, de lucha, de constancia, nos convertimos en mejores personas. Una mejoría que servirá de apoyo a los demás y a nosotros mismos.

Debemos tener presente que formamos parte de la vida de otras personas. Y que es muy posible que necesiten nuestra ayuda para poder alcanzar o acercarse a sus propósitos. Mantengamos pues una actitud de escucha y observación hacia las personas que apreciamos, por si podemos acompañarles en su camino.

Permitámonos unos minutos al día para hacernos conscientes de cómo ha ido el día y si lo que hemos hecho o dicho ha ayudado en el camino de los demás o en el nuestro propio a acercarnos a esa meta.

Te invitamos a que el contador que se puso en marcha hace dos semanas se convierta en el pistoletazo de salida hacia la consecución de tus objetivos.

En Xarxa Cuide nuestro propósito es acompañar tanto a personas cuidadoras como a personas con necesidades de apoyo a vivir con mayor plenitud su situación actual. ¿Nos acompañas en este propósito?